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Jueves, Noviembre 23, 2017
   
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IGLESIA Y MEDIO AMBIENTE

Las Iglesia, inspirándose en las enseñanzas del Concilio Vaticano II subraya que el hombre “creado a imagen y semejanza de Dios, ha recibido el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo al suelo con todo lo creado, porque sometiendo todas las cosas al hombre, sea grande el nombre de Dios en la tierra”. El Concilio enseña también que el esfuerzo de los hombres a través del tiempo  mejorar las  condiciones de vida de cada persona.
Por eso, los resultados de la ciencia y la tecnología son de por sí positivo y las consideraciones del Magisterio  de la Iglesia, en general se aplican también  para el entorno natural y la agricultura.

El hombre no debe olvidar, sin embargo,  que su capacidad de transformar y crear el mundo con su trabajo debe realizarse sobre la base del primer regalo original dado por Dios. La doctrina social de la Iglesia, en materia de Medio Ambiente, rechaza no obstante,  la visión cientificista y tecnócrata que tiende a afectar la relación con la naturaleza, y explica que una visión correcta de la creación no puede reducir la naturaleza a un mero objeto de uso de la manipulación y la explotación.

El Papa Benedicto XVI reflexionando sobre la necesidad de preservar el Medio Ambiente decía que hoy era “esencial” e “indispensable” para convivencia pacifica de los pueblos, salvaguardar la Naturaleza y todo lo que ella comporta. “Si quiere la Paz defiende la creación” era su lema, a propósito de la Jornada Mundial Por la Paz de este año 2010 que apena comienza.  “Es fundamental” decía el Santo Padre “llegar a compromisos firmes y serios para evitar que el degrado ambiental pueda desestabilizar la convivencia entre los hombres y generar más guerras y violencias” Guerra, conflictos internacionales y regionales, actos terrositas y violaciones de los derechos humanos, crueldades del hombre sobre el hombre, amenazan constantemente la convivencia pacifica de la humanidad.  Llamaba la atención también sobre  la desertificación las problemáticas que derivan de fenómenos como el cambio climático,  la contaminación de los ríos y de las faldas acuíferas, el degrado y la pérdida de productividad de vastas áreas agrícolas, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de eventos naturales extremos, la deforestación de áreas ecuatoriales y tropicales. 

La visión cristiana de la creación, afirma la Iglesia, requiere de una opinión positiva sobre la legalidad de las acciones del hombre sobre la naturaleza, incluidos los otros seres vivos, y al mismo tiempo, un firme llamamiento al sentido de responsabilidad. "La naturaleza no es, en realidad, una cosa sagrada o divina, retirado de la acción humana. Más bien es un don dado por el Creador a la comunidad humana, confiado a la inteligencia y la responsabilidad moral del hombre. Para ello, no realiza un acto ilícito cuando, en el orden, la belleza y la utilidad de los seres vivos individuales y su función en el ecosistema, interviene modificando algunas de sus características y propiedades.
El Magisterio insiste en que los bienes de la tierra fueron creados por Dios para ser utilizado sabiamente por todos "y ser" compartido en forma equitativa, con justicia y caridad.

El uso sostenible del medio ambiente, no debe utilizarse como pretexto para decisiones políticas y económicas que no estén en consonancia con la dignidad de la persona humana. La actitud que debe caracterizar al hombre frente a la creación es esencialmente  de gratitud y aprecio, frente al misterio de Dios que ha creado todas las cosas.

P. José Peguero